martes, febrero 14, 2006

Locura

Seoane vino a verme ayer, me dijo que has ocupado mi casa. Me gusta que estés ahí, así tengo la esperanza de volver pronto contigo. Hoy vivo en el silencio, sin saber si fue desamor o aburrimiento lo que te alejó de mi.

Ojalá nunca te hubieras ido, maldigo el día en que tomaste tus cosas y sin más me dijiste “me voy, ya no te quiero”; recuerdo tu pelo revuelto y tus ojos de coral negro mirándome con indiferencia, no lo pude evitar, caí de rodillas y supliqué, mil veces grité ¡no me puedes dejar!, y tú, con voz musical, cediste la responsabilidad a las circunstancias, al tedio, a la soledad. A mi no me faltó perseverancia, rogué, me rebajé, prometí ser mejor, tal vez cambiar, pero tú sólo me gritaste que te dejara en paz que recuperara mi autoestima y que dejara de suplicar. “Pronto encontrarás a alguien más, alguien que te ame de verdad”, fue entonces cuando no pude controlarme, arrojé con furia la mesa del comedor; el vino y el sandwich de mortadela que te preparé para cenar cayeron a piso junto con mi lucidez. Todo fue locura, tu, yo, la puerta, la pistola, el forcejeo, los gritos, el disparo... la locura es estruendosa, vibrante, fosforescente, brilla tanto que ciega y no deja ver la realidad.

Ahora entre estas paredes blancas, bendigo al delirio que te trae a mi encierro, y te prometo vida mía que muy pronto, cuando la ocasión se presente, estaré contigo de nuevo en nuestra casa.